Sergio Pitol, un viajero de la literatura

Durante casi tres décadas, Sergio Pitol Deméneghi viajó por Europa. Sentía la necesidad de conocer nuevas culturas, otras lenguas, enfrentarse a los desafíos de una especie de autoexilio que enfrentó lo mismo desde algún cargo diplomático, que desde un barco carguero, que solía usar en sus recorridos.

A su regreso a México, se reintegró a una vida cultural y literaria que él mismo había abandonado, y lo hizo casi con la necesidad de reencontrarse con los lectores mexicanos, a través de sus publicaciones o de apariciones en público. Vinieron los homenajes, los reconocimientos, pero también un problema de salud que mermó algunas de sus condiciones: una afasia progresiva que le dificultó el habla al punto del silencio.

El 12 de abril, casi un mes después de haber cumplido los 85 años de edad, falleció el escritor y traductor. Lo recordamos con una entrevista realizada en 2005, unas semanas después de que se le anunció como el ganador del Premio Cervantes.

 

Era en el Hotel María Cristina, por los rumbos de la colonia Cuauhtémoc…

 

Los últimos días en la vida de Sergio Pitol han sido de un gran ajetreo. El jueves por la mañana recibió en Xalapa, Veracruz, la llamada desde España para informarle que había sido elegido como Premio Cervantes 2005 y, a partir de ese momento, su teléfono no dejó de sonar. Para el mediodía ya estaba harto, pese a ser conocida su generosidad hasta con los extraños.

Recuerda que en la tarde tomó la decisión de viajar hacia la Ciudad de México y cuando arribó al hotel, alrededor de la medianoche, se encontró con un equipo de la televisión española que lo “obligó” a hacer un programa de una hora de duración.

Ríe como un niño al recordarlo. Antes de ese pasado jueves, disfrutaba de su anonimato público, pero con la aparición de su imagen en los periódicos y en la televisión, la vida de Sergio Pitol sufrió un giro radical:

“El ser más conocido lo tomo naturalmente. Ahora, dónde vaya a comprar algo, como he pasado en la televisión o en los periódicos, ya tengo un público. Yo estoy muy cerca del budismo, no soy budista pero sí estoy cerca de sus principios, y el mayor es romper el ego, deshacerlo. A lo largo de mi vida no he sido egoísta y romperlo me ha dado una libertad extraordinaria.”

 

 

  • ¿Resulta extraña la popularidad cuando durante décadas fue considerado como escritor de unos cuantos? Ríe antes de contestar.

Siempre he sido un escritor de los que llaman difíciles, de pocos lectores, pero fieles. Tampoco se trata de algo que me preocupe, porque en realidad jamás he estado interesado en escribir sobre lo que está de moda o resulta fácil para el lector.

Recuerdo los comentarios de Víctor García de la Concha (presidente de la Real Academia Española de la Lengua y del jurado del Premio Cervantes), los que me parece me definen bastante bien:

(Pitol) … es importantísimo para los hispanohablantes, por su doble dimensión de novelista y ensayista. Su capacidad para adelantarse a lo que son tendencias muy acentuadas en los últimos años de lo que es la novela abierta, que integra no sólo la narración, sino la reflexión y el ensayo. Es decir, una fusión de géneros.”

Eso lo que yo he hecho desde mis primeros cuentos y novelas, esa forma no era moderna ni nada. Entonces yo tengo muy pocos lectores, muy fieles pero es reducido.

  

Luego de haber estado 30 años fuera del país, ¿hasta qué punto el regreso a México hace una década contribuye a revertir esa situación?

Creo que desde hace unos siete años se han leído más mis libros, se reeditan en México y en España, se traducen mucho. Antes era alguien a quien no se le entendía; quizá era estúpido o torpe meter tantas cosas en un libro.

Haber estado tanto tiempo alejado de México sí influyó en mi relación con los lectores de aquí. Imagínate: escribía todos los días y cuando terminaba un libro lo mandaba a Editorial Era; un año después me llegaba el volumen, acompañado de algunos textos críticos, por lo general de mis amigos, y en realidad lo demás no me interesaba.

Sentía que era normal y tampoco quería pasar a otros cánones más fáciles o mercantiles, sino quedarme como un escritor de no muchos lectores. O esperaba que me pasara como a algunos autores europeos, a quienes después de 50 años se les redescubre como un clásico.

Esa lejanía también me permitió no estar en grupos, ni siquiera en revistas u otro tipo de publicaciones. Para mi fue un camino de salvación el salir de México”.

  • Sin embargo, jamás ha dejado de reconocer la importancia de José Emilio Pacheco y de Carlos Monsiváis como los principales culpables de que usted escriba.

A instancias y a empujones de los dos empecé a escribir. Ellos ya habían publicado en revistas o en periódicos y me instaron a escribir. Durante más de dos años nos vimos casi todos los días y el 90 por ciento de la conversación eran los libros, la lectura, la escritura. Quizá nunca hubiera escrito si no hubiera conocido a éstos dos, a José Emilio o a Carlos.”

Ahora que lo pienso, creo que yo me preparaba para ser editor, no escritor: traducía para editoriales, hacía las notas críticas de los libros y leía los manuscritos. Confiaban en mi conocimiento literario. Vivía con y de la literatura.

Cuando llegaron éstos dos me incitaron a probar en la escritura y el primer cuento, Victorio Ferri cuenta un cuento, ahora los críticos de España y de aquí lo llaman un clásico e dicen que resulta imposible pensar que un joven pudiera haber escrito ese cuento.

Aquellos años eran muy generosos en la vida literaria de México, sobre todo porque como los escritores no vivían de sus libros, no había agentes editoriales ni nada. El México literario después se volvió de choques, envidias e intereses, no sólo literarios, sino también de dinero.

El sentido de la muerte

Sergio Pitol lleva en las manos un manojo de papeles que le acaban de entregar en la recepción del hotel. Son textos enviados vía fax, donde está desde la felicitación de los Reyes de España o del presidente Vicente Fox, hasta artículos de Enrique Vila-Matas o Carlos Fuentes.

  • En el Fondo de Cultura Económica ya trabajan en la publicación de sus Obras completas (tres volúmenes hasta el momento, ¿qué significado tiene para usted?

Pitol aceptó, mas al mismo tiempo se puso a reflexionar sobre el significado de esa propuesta…

 

Sentía que estaba acabado, porque por lo general se hacen cuando el escritor ya no escribe o ya se murió. Cuando empecé a escribir el primer prólogo tenía un bloqueo enorme, casi una depresión. Después, cuando los desarrollé, encontré en mi memoria muchos lugares, personas, libros que leí, que disminuyeron esa sensación de muerte.

Para el prólogo para cada uno de los volúmenes me di a la tarea de compartir con el lector el conocimiento de cuándo y cómo se escribieron esas novelas, cuentos o ensayos, o cuál era su ambiente, lo cual resultaba muy importante en un escritor que había pasado cerca de 30 años en distintos países.

¿Ha llegado a pensar en la muerte?

Tengo 72 años, me quedan pocos años para trabajar y también para vivir. Pese a ello, no creo ser una persona que diga: el destino del hombre es la muerte: lo que yo tengo como destino de la vida es vivirla, desarrollarme y desarrollar algo con otras gentes.

Sin embargo, tampoco me siento satisfecho con lo logrado, cuando leo un libro o tengo que revisarlo, veo defectos. Cada vez que releo algo, siempre pienso que está mal tal cosa y la corrijo.

 

Pareciera ser poco el tiempo para una plática con Sergio Pitol, dueño de una memoria desbordada y de pasajes de la literatura mexicana sin descubrirse, pero las llamadas no cesan. Han transcurrido cinco días de que se anunció como ganador del Cervantes y no paran las felicitaciones. Debe atender la fama, aunque asegura que él jamás va a cambiar.

 

Categoría: Lector en tránsito

Etiquetas: ,,,,,,,