Perla Muñoz. Una literatura sin sonrisas ni respiros. Una literatura sin complacencias.

Una literatura que golpea, que sacude y deja intranquilo al lector, ésa es la que muestran los Desquicios de Perla Muñoz; 19 relatos que escarban con las uñas en la bestialidad y lo repulsivo del ser humano

Sobre Desquiciar, dice el Diccionario de la Real Academia de la Lengua: “Trastornar, descomponer o exasperar a alguien”.

Si la literatura a veces sirve como evasión, si la literatura también profundiza, sensibiliza y despierta la imaginación; otras veces cumple aquella sentencia tan repetida de Franz Kafka:

“Pienso que sólo debemos leer libros de los que muerden y pinchan. Si el libro que estamos leyendo no nos obliga a despertarnos como un puñetazo en la cara, ¿para qué molestarnos en leerlo? Un libro debe ser el hacha que rompa el mar helado dentro de nosotros”.

Con Kafka en la cabeza o no, Perla Muñoz, (Ocotlán de Morelos, Oaxaca 1992), cumple esa sentencia en el volumen de relatos Desquicios, editado por Avispero.

Muñoz expone una serie de personajes en el abandono moral, social y económico para quienes la pobreza y el hambre no son una desgracia pues no cabe siquiera la posibilidad de cuestionárselo. La desgracia y la desesperanza son su cotidianidad, no tienen con qué contrastarlas.

Dice la propia autora:

“Son personajes de carácter bestial, completamente inhumanos, que son sombras o restos de algo que fue y sólo les quedan esos instintos de supervivencia, les quedan recuerdos, pero ellos no saben enfrentarse a esos recuerdos, son mordidos por la ira, por el desamparo”.

Frente a estos seres sin posibilidad de ternura, muchos de ellos niños, también  los afecta  el entorno, un paisaje que está muy lejos de ser idílico, “la lluvia escupiendo saliva descompuesta”, una podredumbre exterior como espejo de lo interior. El paisaje no es el edén, es el desierto, es el polvo, es la espina, es la tierra seca, es el encierro.

“Trato de sacar al lector de ese lugar cómodo, que el lector se genere problemas, Ser el reflejo de sus monstruos. Yo lo que busco es desquiciarlo, abrumarlo incluso, que se diga: ‘ya no quiero seguir leyendo’. No hay lugar para la sonrisa. Las lecturas deben cuestionarme a mí”.

Así como el entorno es hostil, los animales en estos relatos no son ni la compañía ni la mascota. Son otras víctimas no sólo de la miseria sino de la crueldad: así la ubre arrancada a la vaca, así los insectos que se comen vivos, así el guajolote desplumado; como la mujer alcohólica, como el hermano lisiado abandonado, como la mujer a quien visten con cajas de cartón para ocultar su rostro desfigurado, como la abuela a la que le arrancan mechones de cabello para hacer una muñeca.

Con una infancia de la cual no tiene recuerdos felices, más bien grotescos; Perla Muñoz encontró como muchos otros, un salvavidas en la escritura. Ese sumergirse en las llamas del infierno para sacar sus monstruos le permite seguir funcionando como una persona normal, tal como asegura ella misma:

“En la vida cotidiana ¿Cómo superamos toda la violencia que enfrentamos, un robo, un asalto? Si no me pasa a mí no nos lo cuestionamos, lo dejamos siempre pasar y tratamos de seguir siendo personas normales, eso es la verdadera locura”.

Dura, sin complacencias, Perla Muñoz no da respiro al lector: “Un bebé como un tumor de la tristeza”, pero no juzga ni da lecciones, expone la miseria humana en lo físico y en lo espiritual. Una obscuridad que está latente en todos nosotros y sobre todo cuando estamos heridos, cuando estamos abrumados, la violencia que llevamos dentro. La literatura como el reflejo del espejo que no queremos ver. Una estética de lo repulsivo y de la fealdad.

“Siempre me ha gustado la suciedad, una estética de lo repulsivo, la fealdad total. Causar mucho desasosiego al lector. Presentarle un ambiente cada vez con más mugre, todo lo asqueroso que también somos los humanos. Siempre hablamos de nuestras virtudes, pero también somos ese lado oscuro que nos empeñamos en ocultar y a partir de este proceso del asco, que el lector decida si se refleja o prefiere distanciarse”.

 

 

Categoría: Esquinas

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