Javier Darío Restrepo, maestro de ética periodística

Desde hace 60 años, Javier Darío Restrepo ha ejercido el periodismo, cubrió seis guerras en América Latina, y desde 1995 ha impartido el taller de Ética Periodística en la Fundación de Nuevo Periodismo Iberoamericano; ahí mismo tiene a su cargo el Consultorio Ético del que han salido dos libros El zumbido y el moscardónI y II.

Javier Darío Restrepo es la conciencia del periodismo y la crónica que se hace en América Latina. El periodista colombiano, de 85 años de edad, imparte desde 1995 el taller de ética en la Fundación de Nuevo Periodismo Iberoamericano y desde esa época comenzó a responder dudas de los profesionales sobre qué hacer ante situaciones de pobreza, tragedia, impunidad, corrupción y cómo dar cuenta de la verdad con responsabilidad e independencia. Con sentido ético.

Ha animado el Consultorio Ético que desde hace muchos añostiene la Fundación creada por Gabriel García Márquez en 1994; anima ese consultorio pero, como dice Mónica González “no desde el escritorio, no desde los trabajos académicos sino desde la experiencia” de más de 59 años de haber ejercido el periodismo, de haber cubierto “las guerras que han desangrado a nuestro continente” para diarios y para televisión. Javier Darío Restrepo es un hombre que ha hecho la labor del reportero de a pie y allí se las sabe todas.

Hace tres años, cuando Javier Darío Restrepo recibió, junto con la mexicana Marcela Turati, el Reconocimiento a la Excelencia del Premio Gabriel García Márquez de Periodismo, dijo que entre los periodistas hay una falta que no es consciente: la falta de la identidad profesional.

“Hay una falta que es común y de la que uno no es consciente: la falta a la identidad profesional, es decir, dejar de ser periodista para convertirte, por ejemplo, en comerciante de noticias; valorar esa historia que hace la gente simplemente por su capacidad de venta de ejemplares o de más puntos de rating; porque eso es renunciar a la identidad profesional del periodista y asumir otra identidad, la de negociante o relacionista público, porque eso implica no sólo desconocimiento de su propia identidad, sino renuncia de sí mismo”, dijo Restrepo.

El periodista aseguró que de la carencia de identidad profesional vienen todas las otras fallas que impiden que el periodista esté siempre en el camino de ascenso. “Ser ético es estar en el camino de ascenso; estar estancado, estar satisfecho de uno mismo es lo menos ético que nos puede pasar”.

Javier Darío Restrepo tiene claro que para que el periodismo sea diferente tiene que ser periodismo, porque lo otro es propaganda. “El periodismo se vuelve diferente cuando escucha a los demás y particularmente cuando se dirige a la inteligencia. No nos digamos mentiras, gran parte del periodismo, particularmente el de la televisión, es un periodismo que se está dirigiendo únicamente a la vista y el oído de la gente, pero no a la inteligencia, desde el momento en que uno haga informaciones que vayan a la inteligencia, serán diferentes”.

Su apuesta está en que en América Latina se haga un periodismo de propuestaademás de inteligente. Eso, dice, marcará la diferencia. “No nos digamos mentiras, es facilísimo describir tragedias, la población que quedó sumergida por el río vecino o el incendio, el atentado terrorista, eso es fácil de cubrir porque los detalles salen al encuentro de uno, en cambio, si ese mismo hecho se cuenta con esos detalles, pero además se investiga cuáles son las alternativas que quedan, cuáles son las posibilidades de las que no se ha echado mano, ahí aparece otro tipo de periodismo, que es un periodismo de propuesta”.

Para Javier Darío Restrepo es necesario admitir que gran parte de la información que estamos recibiendo es una información que termina en desesperanza y ahí no hay nada que hacer, pero si junto con el dato exacto sobre esos hechos se agrega la investigación sobre qué salidas nos quedan, el periodismo llega a ser completamente diferente y “es un periodismo de esperanza que la gente al terminar sabe que tiene cosas por hacer, porque hay mucho que hacer para que la situación cambie”.

Restrepo parte de la certeza de que en el periodismo intervienen distintos factores a la hora de mostrar la realidad, incluido el comercial, pero el dilema que el periodista debe plantearse ahí es “el dinero o los objetivos que debe tener todo producto de comunicación social”. Su convicción es que el periodismo está hecho para lo público, y por consiguiente debe tener un régimen de austeridad tanto en la vida misma como en los ideales, objetivos que uno debe proponerse en esta actividad.

“Entiende uno que lo público es lo que le da dignidad al ejercicio profesional, en la medida que uno descubre que está ejerciendo su oficio únicamente para provecho de una persona, un partido un gobierno, ese ejercicio profesional se degrada, pero cuando uno entiende que su trabajo es para bien de toda la sociedad y está promoviendo los valores de esas sociedades, uno entiende que ha ganado y que su oficio lo dignifica y uno está dignificado para el oficio. Por eso me parece fundamental preguntarse con alguna frecuencia yo para qué soy periodista”, señaló el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar en las modalidades de crónica e investigación en televisión en 1985 y 1986.

Restrepo ha citado varias veces una anécdota para hablar de ética periodística y cuánto le ha pesado equivocarse. Fue un episodio en el que el gobierno colombiano presentaba a unos presuntos criminales. Fue acompañado de un camarógrafo al que le indicó hacer las tomas y detalles de los supuestos criminales; regresó a la redacción y publicó la noticia. Al día siguiente, lo llama la directora y en su oficina estaba una mujer humildemente vestida pero de una dignidad impresionante, y le dijo: “Yo no vengo a pedirle a usted que rectifique, sólo quiero decirle que ese señor bajito que estaba ahí, de bigotito, ese es mi esposo, y ese hombre, se lo juro, es incapaz de matar una mosca”.

Restrepo recuerda que fue todo lo que dijo. “Pero como si hubiera precipitado sobre mis hombres una carga de plomo, ese día sentí que me pesaba la profesión, pero aprendí.Y aprendí que uno como periodista no le debe creer a nadie y sobre todo si se trata de autoridades, por una razón elemental, quien está en el poder tiene demasiados motivos para mentir y pocos alicientes para decir la verdad”.

La experiencia de cerca de 60 años de ejercer el periodismo le han enseñado otras tantas cosas que él ha compartido en sus talleres de Ética Periodística. Por ejemplo que lo que más necesita el periodista es una capacidad de escuchar.

“Si tengo delante de mí un problema económico del país, el presupuesto, por ejemplo, escuchar a los que saben, buscarlos, cualquier problema que yo tenga que informar implica de mi parte una capacidad de escucha y tener capacidad de escucha es ser consciente de mis limitaciones. A veces a los periodistas nos engaña mucho esa idea de que nos la sabemos todas, o de que nadie nos tiene que enseñar, y esa humildad de ir ante la gente que sabe, de decirles: ‘explíqueme, ayúdeme a leer estos balances’, es por hacer una excelente información.Si yo tiro a aceptar al azar siempre estoy haciendo información con generalidad o con inexactitudes. Yo resumo que gran parte de las virtudes necesarias para informar, es la capacidad de escuchar”, señala Javier Darío Restrepo.

En 2005, cuando Restrepo tenía72 años, uno de sus discípulos, Alberto Salcedo Ramos escribió un texto en la revista Semana de Colombia, donde citó a varios de los alumnos que ha tenido Javier Darío, allí dijo que su maestro tenía un consultorio en la página web de la FNPI, en el cual atiende inquietudes procedentes de todos los rincones de América Latina. “Él sabe que ese oficio lo convierte, de alguna manera, en una especie de pontífice, pero en seguida –bajando el tono, como siempre — recuerda que la ética no es un asunto grandilocuente sino una preocupación cotidiana por encontrar la verdad y contarla bien”, señalaba Salcedo Ramos.

Categoría: Historias de cronistas

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