Leila Guerriero, la cronista del qué y el cómo

Leila Guerriero es una de las mejores cronistas de América: maestra de periodistas, se ha dado a la tarea de reflexionar sobre el periodismo y de plantearse siempre algunas preguntas: ¿para qué se escribe? ¿Por qué se escribe? ¿Cómo se escribe?

Antes de 2006, Leila Guerriero definía la tarea de un periodista como “ir, ver, volver, contar”, pero después de reflexionar sobre el oficio periodístico en el texto “Sobre algunas mentiras del periodismo latinoamericano” que escribió a petición de Mario Jursich, editor de El Malpensante, Leila ha redefinido la tarea de un periodista: “ser, además de alguien cuyo oficio consiste en ir, ver volver y contar, alguien que se pregunta por qué hace lo que hace”.

Desde entonces, la periodista argentina, una de las mejores cronistas de América y quien ha desarrollado un periodismo sostenido en “un trabajo riguroso, investigación exhaustiva y un estilo de precisión matemática” en palabras de Mario Vargas Llosa, ha emprendido a la par de sus reportajes y crónicas, una serie de textos donde reflexiona y analiza el ejercicio periodístico a partir preguntas eje: ¿Por qué, para qué y cómo escribe un periodista? ¿De qué está hecha su vocación y qué es lo que le da sentido en estos tiempos?

Pero Guerriero va más allá y se cuestiona sobre la tarea periodística de narrar los hechos: ¿cómo y cuándo nace la pulsión de escribir? ¿De qué manera se alimenta? ¿Por qué vale la pena llevar un texto periodístico a su máximo potencial expresivo? “Desde entonces, me convertí en una yonqui de esas preguntas: ¿para qué se escribe, por qué se escribe, cómo se escribe?”.

Leila Guerriero lleva once años en ese otro trabajo de pensar en torno al periodismo, de ponerse de cuando en cuando a analizar esas preguntas y ofrecer respuestas en sus textos y en los varios talleres que da en toda América Latina.

“Yo no creo en las crónicas interesadas en el qué pero desentendidas del cómo. No creo en las crónicas cuyo lenguaje no abreve en la poesía, en el cine, en la música, en las novelas… Porque no creo en crónicas que no tengan fe en lo que son: una forma de arte”, afirma la periodista nacida en 1967, en uno de sus textos reunidos en Zona de obras (Anagrama, 2015), el libro que delinea el trabajo periodístico y hace una radiografía de cómo son y deben ser los que lo llevan a cabo. Pero ante todo indaga en ella, en la chica que a los 17 años dejó su casa y emprendió “la religión de los viajes” y, con el trotar del mundo, a escribir de los otros.

“No supe que quería ser periodista hasta que lo fui y, desde entonces, ya no quise ser otra cosa. Profeso una fe que dice que el periodismo bien hecho es una forma del arte… Aunque no me gusta el acto de escribir —encerrarme durante días a luchar contra un texto moliéndome los ojos y la espalda, sin mirar mails ni atender el teléfono–, a veces me gusta el resultado. Me ejercito con idéntica severidad en la disciplina del cuerpo, con un placer antiguo y salvaje al que no encuentro explicación. El oficio que practico me enseñó a escuchar mucho y a hablar poco, a olvidarme de mí y a entender que todas las personas su propio tema favorito”, dice Leila en su texto “La vida de los otros”.

Un oficio que la ha llevado a publicar en varios medios de América y España: a ser editora de Gatopardo para América Latina, directora de la colección Mirada crónica, de Tusquets Argentina; a realizar trabajos de edición para Ediciones Universidad Diego Portales, de Chile, además de dirigir la Especialización en periodismo de la Fundación Tomás Eloy Martínez (Buenos Aires) ser parte del cuerpo de maestros de la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano.

A finales de mayo pasado (2017) impartió en Managua, Nicaragua, en el marco de Centroamérica Cuenta, el taller “Periodismo narrativo: reporteo, mirada y estilo”, en el que Leila Guerriero reiteró varias de sus certezas. Enlistó preguntas que deben ser exigencia cuando el periodista termina un texto: ¿El texto dice lo que uno esperaba que dijera? ¿Cumple con la consigna? ¿Responde a la pregunta? ¿Arranca de la mejor manera posible? ¿Están todas las fuentes que tienen que estar? Si es una historia sobre victimarios, ¿están las víctimas? Si es una denuncia sobre una situación, ¿están los denunciados? Es decir: ¿cumple con las reglas básicas del periodismo?.. ¿Hay momentos de silencio? El texto no puede gritar todo el tiempo.

Leila Guerriero, la periodista que ha publicado libros de no ficción como Los suicidas del fin del mundo (2005) y Una historia sencilla (2011), trabaja enloquecidamente. Su obra se ha traducido al inglés, italiano, portugués, alemán, francés y al polaco. En 2010, Leila Guerriero recibió el premio CEMEX-FNPI por su trabajo “El rastro de los huesos” y en 2013 el premio de periodismo González Ruano (Fundación Mapfre).

Pero también ha reunido sus crónicas: en 2009, Aguilar, publicó Frutos extraños. Crónicas reunidas 2001-2008, que congrega crónicas y perfiles, discusiones y algunas de sus reflexiones sobre el periodismo. Allí, Leila decidió incluir su texto “Tan fantástico como la ficción” para reiterar eso que ha creído siempre: el periodista debe viajar, leer mucho, mucha literatura, ver teatro, ir al cine, leer poesía, ir a exposiciones, leer cómics. Saber, ver, oír, escuchar.

“Yo siempre sospeché que los buenos cronistas tienen nutridas bibliotecas de ficción y que van más seguido al cine que a talleres de escritura. Que no aprendieron a describir personajes en una clase de la universidad, sino leyendo a John Irving. Que no saben narrar con exquisita parquedad por haber participado en un taller de producción de mensajes, sino porque se conocen hasta el solfeo la prosa de Lorrie Moore. Que son rigurosos con la información pero creativos en sus textos no porque hayan estudiado Metodología de la Investigación, ni Planificación de Procesos Comunicaciones, sino porque saben quién es John Steinbeck”.

Categoría: Historias de cronistas